Chiquitania, tras el rastro de La Misión

La mayoría de la gente asocia, únicamente, Bolivia con el Altiplano, lo cual supone una verdad a medias. Cierto es que, una  mitad de Bolivia está en las alturas, pero no menos cierto es que la otra se encuentra en una llanura entre Brasil y la cordillera andina, y es verde, calurosa y rica!

Cuando planificábamos nuestra incursión en Bolivia con Alicja nos centramos, instintivamente, en el Lago Titicaca, La Paz, Salar de Uyuni o el Parque de Eduardo Avaroa. Significa esto que no hay nada más allá de Sucre o Santa Cruz de la Sierra? Claro que sí. Después de buscar detenidamente las descubrimos: Las famosas Misiones de Chiquitania!

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No me malentendáis. Aborrezco el turismo de catedrales; mi condición de europeo hace que las tenga asumidas y amortizadas. Entonces… por que visitar las misiones?
La colonización de América fue emprendida, en parte, por sacerdotes católicos de varias órdenes religiosas cuyo objetivo no era otro que evangelizar el continente entero. Una de estas órdenes, muy activa por cierto en toda Sudamérica, fue la de los jesuitas bajo el mando de Ignacio de Loyola quién, por mandato directo del papa Paulo III comenzó a fundar «reducciones» o colonias para llevar a cabo la tarea evangelizadora. Corría el año 1691 cuando se fundó la primera.

La mayoría de las Misiones (y las que dieron pie a la película La Misión, con Robert de Niro), están situadas entre los guaraníes, en la zona fronteriza de Paraguay, Argentina y Brasil. Sin embargo, los jesuitas, haciendo valer su condición obstinada, no cejaron en su empeño y llegaron mucho más allá: Bolivia (en Chiquitania), Perú o hasta la Isla de Chiloé (en Chile) son algunos ejemplos.

Sobre el año 1767, los jesuitas fueron expulsados del Imperio Español gracias a las reformas borbónicas y su rastro por la mayor parte del continente hoy ha desaparecido… con algunas excepciones, entre las que se encuentra Bolivia.

Y ahí está la gracia de Chiquitania! No se trata de ir a ver Misiones como si fueran iglesias (aunque lo sean). Las Misiones eran auténticas comunidades que se han desarrollado hasta la actualidad. La gente de Chiquitania es… especial.

Como visitarlas?

Tenéis dos opciones: excursión organizada (preparaos para pagar a partir de unos 650 USD por un paquete de 5 días) o ir por libre. Este artículo va de lo segundo e invertiréis de 4 a 6 días en hacer el circuito entero.

Lo más fácil es salir en tren desde Santa Cruz de la Sierra hasta San José de Chiquitos con la compañía Ferroviaria Oriental. El tren se toma en la estación bimodal de Santa Cruz (es mixta, de tren y autobuses) y el viaje de unos 270 kms. cuesta menos de 10 EUR o 10 USD.

San José de Chiquitos

Llegar a las calles polvorientas de San Jose de Chiquitos significa golpear y abrir la puerta de entrada principal del universo chiquitano y, a pesar de que es muy humilde, sus habitantes tienen un «nosequé» que no se encuentra en otras partes de Bolivia. San José tiene, además, la única Misión de piedra (el resto son de madera) de estilo colonial situada, como no podía ser de otra manera, en la plaza de armas. Está restaurada, es visitable y tiene un museo (entrada 40 Soles o 5 EUR / USD) dentro de ella, que hay que visitar: en el encontraréis la historia del porqué de las Misiones en Bolivia, del entorno histórico en el que se desarrolló la vida en las «reducciones» (Misiones) y de los motivos de su desaparición.

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San José también es un buen punto de partida para excursiones a aguas termales que hay en la zona y varios rápidos y cascadas que no visitamos.

Desde San José, el truco está en ir enlazando autobuses entre todas las poblaciones que aparecen en el mapa, sin preocuparse demasiado por horarios y enlaces ya que, entre todos los pueblos que forman el circuito hay varios buses diarios, por la mañana y por la tarde (y en algún caso, autobuses nocturnos). Recomendación: al llegar al primer pueblo, es bueno preguntar por los horarios de esa misma tarde o del día siguiente.

No os preocupéis por encontrar alojamiento. La mayoría de ellos están situados en los alrededores de la plaza de armas y no son muy caros. Se puede dormir por 15 EUR o 20 USD por noche en hostales y pensiones más que decentes, con agua caliente y sábanas limpias.

San Ignacio de Velasco

San Ignacio de Velasco es el típico pueblo chiquitano de calles de tierra rojiza y un calor insoportable. Para llegar a el, el trayecto en bus es igual de insoportable pero muy didáctico: se pueden ver extensiones completamente peladas de bosque chiquitano, que viene a ser, uno de los últimos bosques secos tropicales de América del Sur. Hay cientos de hectáreas totalmente arrasadas para mayor gloria y pasto de vacas y caballos, propiedad de las estancias (muchas de ellas propiedad de brasileños y europeos) que hay en la región. Quemar bosque está prohibido pero, como pasa en tantas otras cosas en Bolivia, se permite. Dicen los chiquitanos que, en el pasado, había semanas en las que no veían el sol por el humo provocado por quemar tanta madera. Podrá ser una exageración, si, pero es una pena ver tanto destrozo.

San Miguel, San Rafael y Santa Ana de Chiquitos

Cada uno de estos tres pueblos tiene su misión. Son muy pequeños, con la iglesia en el centro del pueblo, calles sin asfaltar, tiendas básicas, gentes sencillas y calma total.
Visitarlas puede ser muy fácil o muy complicado ya que son pueblos relativamente cercanos entre sí pero pocos medios de transporte público.
En nuestro caso, nos alojamos en La Casa Suiza de Christa Frei en San Ignacio de Velasco. Le contamos a Christa nuestros planes y enseguida nos recomendó un taxista que nos trasladó de pueblo en pueblo durante un día entero por unos 40 EUR o 50 USD.
Afortunadamente, las carreteras de la zona son horribles y el asfalto inexistente: hacer diez kilómetros era una odisea, lo que dio pie a que el taxista nos contara su historia, la política en Bolivia y dios sabe cuantas cosas más. Con un poco de suerte quizá os crucéis con alguno de los menonitas de los muchos que pueblan la región en su carro de caballos.

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Concepción

Probablemente una de las Misiones más bonitas de toda la zona. Como pueblo, es relativamente grande aunque no hay ninguna calle asfaltada, lo cual no quita para que su plaza de armas sea preciosa y tenga una de las mejores heladerías de toda Chiquitania.
Desde Concepción lo más fácil es tomar el autobús nocturno hasta Santa Cruz. Este bus ya es una experiencia en sí: antes de salir, seguro que algún predicador se acerca para intentar evangelizaros y, cuando estéis sentados en el autobús (obviamente sin aire acondicionado) veréis que, la mayoría de conductores, van mascando hojas de coca para mantenerse despiertos.
El bus llega, a la mañana siguiente, a la estación bimodal de Santa Cruz.

Si necesitas convencerte de lo preciosa que es esta región, visita nuestro artículo «Diez fotografías que harán que visites Las Misiones de Bolivia»

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